Mengibar, en Jaen; un viaje por el encanto del Sur de España
En ocasiones tendemos a valorar un viaje, una escapada, por la distancia, lo exótico de su destino o por las increíbles "aventuras" que podemos vivir durante el mismo. Solemos asociar los viajes más increíbles y más recomendables a lugares lejanos, llenos de paisajes maravillosos y con un gran número de monumentos, rincones inolvidables... etc
Sin embargo es conveniente recordar que la calidad y la grandeza de un viaje no se mide únicamente por lo alejado o extraordinario de destino sino por la compañía y por el viaje en sí. Así, puede uno hacer un viaje al rincón más lejano y mágico del mundo pero si a su lado no tiene a la persona o personas adecuadas... nada tiene sentido.
La recomendación de viaje de hoy no puede ser, en apariencia, más modesta. A diferencia de lo que se ha podido leer en estas páginas muy a menudo hoy no hablamos de lugares lejanos, del extranjero, de cruceros, trenes o alojamientos de gran lujo. Hoy, en esta página hablamos de Mengíbar, un modesto pueblo de Jaén en el cual uno puede disfrutar de todo el encanto del Sur de nuestro país y de la grandeza de unos habitantes que no hacen sino acoger, de una manera increible a todo aquel que pisa su encantador pueblo.
Hay viajes que uno realiza y que en realidad son viajes a uno mismo. Viajes que con el pretexto de salir de casa, de hacer una maleta y recorrer lugares que no se conocen, en realidad son viajes a su interior, a sus miedos, a sus ideas, a su planteamiento. Mengíbar es el lugar indicado para pasar un tiempo consigo mismo pues en sus calles se respira paz y tranquilidad, en sus calles se respira encanto, amabilidad y cariño.
Rincones como la plaza del ayuntamiento, desde dónde en las noches claras de Verano uno puede ver la Luna mimando las calles del pueblo y alumbrando con su manto la belleza de las mujeres del Sur. Lugares históricos como la casa de la inquisición, o la emblemática Calle de la Paja. Los típicos bares de peñas futbolísticas, los churros para desayunar, las tostadas de tomate y aceite, el antiguo y único kiosco de helados situado allí desde hace años y años... y un sinfín de postales que uno se lleva para siempre en su corazón.
Sí, tal vez no estemos hablando de lujosos rincones lejanos, pero estamos hablando de un rincón de nuestro país bañado en Olivo, en color, en sabor... bañado en la magia que realmente importa, la de las personas, la de la compañía perfecta.
Por eso, a la hora de recomendar un destino para pasar unos días, es obligado citar a Mengíbar, su historia, sus calles y sobre todo sus gente. Un modesto paraíso en el Sur de nuestro país que no debería quedarse sin ver.
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Artículo escrito por sharedum para Blogs Teoriza.
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